(A continuación, el primer ensayo que he escrito, la exigencia, hablar sobre la tv..)
No cabe duda de que los padres del 2009 son distintos a los de hace 30 años, la sociedad cambia y con ella, nuevas costumbres se van gestando en las vidas de los chilenos, y aquellos que se ven más propensos a estos cambios son los hijos, especialmente los niños y preadolescentes que no tienen su personalidad moldeada definitivamente.
Y qué elemento más presente en la cotidianeidad que la TV , esa pantalla que, como el pan, no falta en ningún hogar en la actualidad. Sí, la TV , que puede transformarse para los padres en un dolor de cabeza si no es usada apropiadamente. Acá, las ideas de un joven que hace una retrospectiva a la presencia de la pantalla y los padres en su infancia.
Si bien la TV puede ser una ventana a otros mundos y realidades, es clave el donde se ubique. De plano debiera descartarse la presencia de esta en las piezas de los hijos, que muchas veces puede transformarse en un lugar donde el control de los padres no es patente.
El darle una misión a lo que se ve en la tele, un objetivo, es un factor que puede significar grandes avances par los niños. Usar aquellos programas educativos que complementan la enseñanza preescolar es algo recomendable, pero ojo, que no se transforme en alargar el período de clases. Por eso es clave el buscar y probar hasta encontrar aquel que más entretenga al pequeño, sin perder los objetivos pedagógicos que de por medio vayan quedando y puedan estimular su ingenio, creatividad o alguna habilidad determinada.
Una buena herramienta o punto de referencia son las guías programáticas que algunas empresas de cable proveen, donde se puede encontrar reseñas sobre ciertos espacios televisivos, así como la calificación o estrato de edad recomendado según los valores o actitudes presentes en pantalla. Ahora, si es absolutamente necesario el seguir al pie de la letra esas recomendaciones, prefiero decir que no. ¿Son todos los niños iguales?, pues no debiera haber problemas en que un niño de 8 años vea algo que se aconseja para los de 12, si el tema presente en tal o cual programa ya se ha conversado de antemano con el hijo. Los temas más recurrentes son la violencia y antivalores como el egoísmo, la ambición, entre otros. Su hijo agradecerá en algún momento el que Ud. Haya sido un guía y un educador presente en la infancia y que hable con ellos apenas se muestren las inquietudes y dudas valóricas o el infante presente conductas inadecuadas tantas veces copiadas de la ventana a otros mundos.
Ahora bien, si su hijo ya es preadolescente, o sea tiene entre 12 y 14 años, ármese de paciencia y disposición, pues es en este rango de edad donde el desafío de hacer aquello que se prohíbe o que no se recomienda, es mayor.
Hijos en esta etapa necesitan estar al día con todo lo que pasa a su alrededor, su nivel de conectividad se expande a un mayor uso de Facebook, Messenger y todas aquellas redes sociales tan comunes en Internet, y al estar entrando a dedicar mas tiempo al PC lo que hace es reducir el tiempo frente a la TV. Para aquellos padres que no les agrade tener a sus hijos frente a la tele todo el día, esto puede ser un alivio, pero no hay que bajar la guardia pues esto no significa necesariamente que la calidad de lo visto sea mejor, por eso, la conversación con los hijos sigue siendo clave en su formación.
Retomando el tema de los contenidos, esta es la edad en la que empiezan a buscar tanto nuevos temas como nuevos horarios, la novela nocturna, los programas de realidad (tanto realities como de investigación), comienzan a ser recurrentes y la pantalla que otrora fuera la ventana a mundos ficticios y en su mayoría menos fuertes temáticamente, ahora es una ventana a realidades crueles, frías e inmorales, los hijos se ven de golpe enfrentados al mundo real. Para que el encontrón con estas situaciones no sea tan perjudicial o malentendido por los jóvenes es imprescindible contar con su compañía ocasional cuando estén presenciando estos programas, o el comentar y dar la opinión respecto a determinado programa que el hijo esté viendo le será útil para que no haya confusiones y se pueda formar una opinión real sobre lo que se ve.
Por tanto, se puede entrever que la comunicación es trascendental para la formación de aquellos que en su minuto deberán tomar las riendas de la sociedad y encaminarla hacia nuevos rumbos, pero esta comunicación tan necesaria debe ser principalmente la hecha por los papás y no la impersonal y distante pantalla que a mas de alguien ha perjudicado. Asumir responsablemente la tarea de educadores es una consigna que no se debe dejar de lado si queremos hijos con criterio y que sean auténticos, no moldeados por la tele. Y basándonos en que de todas las cosas se puede sacar algo bueno, debemos trabajar para que la tele no sea un enemigo, sino una herramienta de formación.



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